Delphine de Vigan nos deja sumidos en la tristeza y en la reflexión sobre lo que, inexorablemente, ocurre en la vejez en muchas personas: deterioro neurológico y soledad.
La novela cuenta como la protagonista trata por todos los medios de encontrar, antes de que su deterioro lingüístico sea totalmente inhabilitante, a las personas que la cuidaron como una hija cuando su madre, huyendo del horror nazi, tuvo que abandonarla en casa de esta familia. Michka vive en una residencia de mayores y, aunque se nos describe la humanidad y buena a disposición del logopeda y de la vecina que la va a visitar, queda también patente, a través de la crueldad de la encargada de la residencia, el maltrato al que muchos ancianos son sometidos en estos centros.



